Patrick Leigh Fermor, El tiempo de los regalos

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Comienza su viaje un día de diciembre de 1933. Ha cumplido dieciocho años, mide 1,80, tiene el pelo y los ojos castaños, una salud envidiable y la edad perfecta para desafiar al horizonte y caminar hasta Constantinopla, a pie y con pocas libras en el bolsillo.

En el preámbulo a su primer libro sobre este viaje, cuenta Patrick Leigh Fermor que la idea surgió de improviso, tras considerar que estaba perdiendo el tiempo en Londres porque no conseguía escribir ni una sola línea cuando lo que quería era convertirse en un prolífico y respetado Trollope.

Decidió cambiar de escenario y recorrer Europa como un vagagundo, un peregrino, un sabio errante, un caballero arruinado. Seguiría el curso de los dos grandes ríos europeos, el Rin y el Danubio hasta llegar al Mar Negro, teniendo como destino “la silueta levitante de Constantinopla, erizada con gavillas de delgados cilindros y semiesferas que emergían de la niebla”.

Comienza el viaje en Rotterdam, ciudad que años después sería bombardeada hasta los cimientos, para atravesar a continuación los campos nevados de Westfalia. El primer pueblo que encuentra al entrar en Alemania, Goch, le muestra la situación política que vive el país tras la ascensión de Hitler al poder. En el escaparate de una tienda contempla todo un surtido del equipo del partido: desde brazaletes con la cruz gamada a dagas de las Juventudes Hitlerianas. Y, por las calles del pueblo ,el desfile de un grupo de miembros de las SA al ritmo de ‘Volk, ans Gewehr!’

Patrick remonta el Rin visitando las ciudades de sus orillas, sus iglesias y castillos, rememorando las historias de Carlomagno y Roldán en Bad Godesberg o el famoso puente que, no lejos de allí, tendió César y luego destruyó para demostrar su poderío tecnológico a los incivilizados germanos. Más al este fue donde Varo perdió sus legiones para pesadilla de Octavio. Es un placer leer todas estas historias que Leigh Fermor cuenta tan bien, independientemente de lo fantástico que pueda ser el viaje en sí.

A lo largo de este maravilloso viaje hace amigos y conocidos, le roban el equipaje, duerme en lugares inverosímiles, desde posadas cochambrosas a castillos imperiales y conoce a gente extraordinaria, pobres, ricos, analfabetos, intelectuales….

El recorrido es zigzageante. Pasa del Rin al Danubio, Suiza, Austria, Checoslovaquia… Y al mismo tiempo retrocede en la historia para contarnos qué ocurrió con Napoleón en determinado sitio o con Carlomagno en otro.

En Hungría finaliza este primer libro, ‘El tiempo de los regalos’, escrito en 1977, cuarenta años después de haber iniciado el viaje. Por eso contiene, junto a la emoción propia de la juventud ante todo lo que observa, la experiencia de la edad tiñéndolo a su vez de historias de mundos perdidos u olvidados y de melancolía.

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‘Entre los bosques y el agua’ y ‘El último tramo’

Entre los bosques y el agua” es el título de la segunda parte de este viaje y recorre Hungría y Transilvania. Está escrito cincuenta años después, en 1986, diez años después del primero. Según nos asegura Jacinto Antón, periodista y escritor de viajes y aventuras y unido por diversas circunstancias a Leigh Fermor, es tan fantástico como el primero. Seguro que lo leeré.

Aún quedará un tercer libro que Leigh Fermor no llegó a escribir, pero que sus amigos Colin Thubron, viajero y escritor, y Artemis Cooper, su biógrafa, redactaron por él, tras su muerte en 2011, basándose en un manuscrito del propio Fermor que se titulaba ‘Un viaje de juventud’ y que nos transporta desde las Puertas de Hierro del Danubio a Constantinopla, ciudad a la que llegó el 31 de diciembre de 1935, dos años después de comenzar el viaje. Lleva el título de ‘El último tramo’ (‘The broken road’ en su edición inglesa) y apareció el año pasado, 1914.

El manuscrito de Leigh Fermor no finaliza en Constantinola, sino en las costas del Mar Negro, “en mitad de una frase”, nos cuenta Jacinto Antón, de quien he tomado prestadas todas las opiniones acerca de los dos libros que cierran la trilogía.

Es posible que Estambul le decepcionara o tal vez lo que de verdad quería era viajar por Grecia, país del que se enamoró para toda la vida. En Atenas conoció a la princesa Balasha Cantacuzène, una noble rumana de la que se enamoró. Compartieron un viejo molino fluvial en las afueras de la ciudad, donde pintaban y escribían. Leigh Fermor pasa de puntillas por Constantinopla para visitar los monasterios del monte Athos, visita que constituye el último capítulo del libro.

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El héroe de Chipre

Los dos libros, y también por supuesto el tercero, fueron escritos por un hombre que ya había cumplido los sesenta años a partir de los recuerdos de cuando tenía veinte, pero también con la profundidad que da la experiencia de toda una vida, intensa y apasionada.

Tras declararse la II Guerra Mundial, Leigh Fermor se unió a los Guardias Irlandeses, pero debido a su dominio del griego fue asignado al cuerpo de inteligencia y luchó en Grecia y en Creta, en cuyas montañas vivió dos años disfrazado de pastor contribuyendo a organizar la resistencia contra los alemanes.

Como líder del Special Operations Executive (SOE) y junto con un grupo de guerrilleros cretenses secuestró de forma audaz al comandante de las tropas alemanas en Creta, el general Heinrich Kreipe, en 1944. Sobre este suceso su camarada William Stanley Moss escribió un relato en 1950, titulado ‘Mal encuentro a la luz de la luna’, que fue llevado al cine en 1957. En la película “Emboscada nocturna’ Dick Bogarde interpretaba el papel de Paddy. Su nombre en la guerrilla cretense era ‘Mihali’, pero sus amigos le conocían por el diminutivo de Patrick.

Acabó guerra con el rango de mayor y condecorado con la Orden de Servicios Distinguidos. Era una mezcla de caballero, inelectual y hombre de acción. Y sin embargo ni sus hazañas militares ni ser un escritor de viajes le parecían a Leigh Fermor lo mejor de su vida. Le gustaba escribir, charlar, conocer gente y lugares, sabía de todo, las palabras le subyugaban y la historia fue su pasión. Su amor por Grecia le llevó a consertirse en un segundo Lord Byron y llegó a cruzar nadando el Helesponto a los 69 años. En 2007 fue nombrado por el gobierno griego Caballero de la Orden del Fénix.

Aunque se le conoce sobre todo por su caminata de los años treinta a través de la Europa prebélica, tambien escribió otros libros de viajes. ‘The Traveller’s Tree’, su primer libro, en el que narra sus viajes por el Caribe tras la guerra; ‘Three Letters from the Andes’ y otros relatos sobre Grecia: ‘Mani’ (en el sur del Peloponeso) en 1958 y ‘ Roumeli’ en 1966. Además de su única novela, ‘Los violines de Saint Jacques’, en 1956. 

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