Antología de la literatura fantástica. Selección de J.L. Borges, A. Bioy Casares y S. Ocampo (2)

ALas mil y una noches

Las metamorfosis, las confusiones de la identidad, los talismanes, la causalidad mágica, las interferencias del sueño y la vigilia, el tiempo circular y las profecías son temas que suelen repetirse en las diferentes literaturas, aunque presentan determinadas variaciones en función de los parámetros culturales de cada una de ellas. Los textos que reunieron Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo y publicaron en 1941 no tienen más conexión que la fantasía o la sorpresa y, a veces, la ironía. Algunos repiten la misma historia, pero con personajes o resultados diferentes.

De tales causas, otros efectos

De entre todos estos temas, Borges admite que el que más le interesa es el de la causalidad fantástica y pone como ejemplo la leyenda china de aquel mago y maestro que avisa a sus discípulos de que va a ausentarse durante la noche, por lo que les pide que cuiden de que no se apague una vela que deja encendida. Pero los discípulos se duermen, un golpe de viento abre una ventana y a punto está de apagarla. A la mañana siguiente aparece el mago y cuenta que estuvo a punto de ser devorado por monstruos en un desierto de Tartaria porque le faltaba la luz que lo iluminaba.

Se trata de una leyenda que se reproduce con sus obligadas variaciones en relatos celtas y hasídicos y en la Antología está recogida en el cuento ‘La secta del loto blanco de Richard Wilhelm. También se trata este tema de “la magia a distancia” en el cuento del historiador Martin Buber, ‘El descuido’, en su versión hasídica: cenando con sus discípulos, un rabí volcó a propósito un cuenco con sopa y en ese mismo momento el emperador, que acababa de firmar un edicto contra los judíos en todo el país, volcó sobre él, involuntariamente, el tintero; el emperador, enfadado, rompió el papel y nunca más volvió a firmarlo.

ASecta loto blanco

Sueños reveladores y sueños dentro de los sueños

Otro tema que Borges frecuenta es el de los sueños y más específicamente la interferencia entre los sueños y la realidad.

En ‘Historia de los dos que soñaron‘, del orientalista alemán Gustav Weil, se cuenta la historia de un hombre que vivía en El Cairo y había perdido toda su fortuna debido a su magnanimidad. Un día estaba tan cansado que se quedó dormido bajo la higuera del jardín de su casa y en el sueño un desconocido le dijo que su fortuna se hallaba en Persia, en Ispahan. El hombre emprendió el largo viaje a través de desiertos, de idólatras, de ríos, de fieras y de hombres y llegó a la ciudad, pero tan tarde que se tendió a dormir en el patio de una mezquita.

Por un enredo casual acaba en la cárcel y cuando el juez le pregunta, nuestro hombre le cuenta el sueño que motivó su viaje. El juez se echa a reír y le dice que él ha soñado tres veces con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín y en éste una higuera y bajo la higuera un tesoro, algo a lo que nunca dio crédito. Riéndose por su ingenuidad, el juez ofrece al hombre unas monedas para que regrese a El Cairo, y allí en su casa el viajero encontró el tesoro escondido bajo la higuera, “gracias a Dios, el Generoso, el Oculto”.

En otro sentido que tiene que ver con la identidad, el del sueño dentro de otro sueño o sueño que sueña, tenemos el cuento Sueño de la mariposa, del filósofo taoísta del -300 Chuang Tzu, que soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

El mundo ultraterreno

Bioy Casares, en el prólogo a esta Antología reconoce que hay muchos tipos de cuentos fantásticos. Su enumeración no es exhaustiva y, aunque coincide con Borges en algunas menciones, como los viajes en el tiempo o los tres deseos, él añade otros temas como los fantasmas, o aquellos relatos en los que aparece el diablo.

El cuento titulado ‘Enoch Soames’, de Max Beerbohm, relata uno de tantos contratos que hace el Diablo gracias a la debilidad de los hombres. Soames es un escritor fracasado al que sólo le queda la esperanza de ser un incomprendido en su época pero todo un genio en una posterior. Una tarde, en el café que frecuenta, se le presenta el demonio bajo la apariencia de un “hombre de negocios” y le propone un trato: transportarle al mundo que será dentro de cien años para comprobar si su nombre figura entre los poetas famosos; a cambio, pase lo que pase, una eternidad de infierno, que es siempre lo que promete el Diablo.

No recuerdo ningún cuento de Borges con el Diablo de protagonista. Sí una conversación editada en la que despacha el Fausto como una “superstición alemana” mejorada por los traductores; dice que no le emociona lo más mínimo y contrapone la pasión con la que Marlowe trató el tema y la indiferencia con que lo escribió Goethe.

Sobre el comercio de los hombres con los muertos y las diversas versiones del mundo ultraterreno existe una incesante tradición literaria y Borges cita expresamente el undécimo libro de la Odisea, el sexto de la Eneida, las visiones de los místicos musulmanes y también la Divina Comedia, “de suerte que la literatura fantástica puede honrarse con estas obras espléndidas”.

AEl cielo y el infierno_grn

Como ejemplo de una particular visión del cielo y el infierno, Borges vuelve a citar al teólogo sueco Swedenborg, que vivió en el siglo XVIII, visitó los cielos y los infiernos y habló con los ángeles. Dice el místico en sus escritos que son lugares adecuados a quienes los habitan, es decir, que a los malos les gusta el infierno y a los buenos el cielo y no es que los condenados sean felices, sino que serían mucho más desdichados en el cielo. Y en este contexto se inscribe una fábula, relatada por Borges en sus conversaciones con María Esther Vázquez, en la que se cuenta la historia de un hombre que deseaba tan ardientemente ir al cielo que se convierte en ermitaño y vive durante años ayunando y mortificándose en el desierto hasta que le llega la muerte.

Pero el Cielo, según cuenta Swedenborg, es mucho más rico que este mundo: hay más colores, una gran ciudad con palacios y un rico mundo intelectual en el que se suceden discusiones sobre delicadezas teológicas. Así que el pobre ermitaño llega al Cielo y no entiende nada porque no ha preparado su alma intelectualmente para este lugar tan maravilloso y entonces se da cuenta de que ha empobrecido su vida con tantas mortificaciones y desvelos. Tampoco puede ir al infierno porque su falta no es moral, así es que se le permite crear en algún lugar del espacio infinito una versión, una alucinación, del desierto en el cual vivió toda su vida. Borges supone que ya no sería lo mismo porque el eremita ya no podía esperar recompensa alguna por su sacrificio.

En la Antología no podían faltar cuentos de fantasmas. También hay reflexiones, como la de Thomas Carlyle, quien dice en Un auténtico fantasma que “todos lo somos, espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia para disolverse en el aire y en la invisibilidad”. Y James Joyce en el Ulyses define al fantasma como “un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”.

Fantasías metafísicas

En la enumeración de los temas fantásticos, Bioy Casares se refiere, en último lugar, a lo que llama “fantasías metafísicas’, relatos en los que lo fantástico está, más que en los hechos, en el razonamiento. Publicados en la Antología, figuran Tantalia, de Macedonio Fernández, y Tlön, Uqbar y Orbis Tertius, de Borges. Algunos autores han calificado los cuentos de Borges de ‘neofantásticos’. Bioy también los considera un nuevo género literario, al que no pone nombre, y que participa del ensayo y de la ficción; añade que son un ejercicio de “incesante inteligencia e imaginación feliz”.

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Borges imagina un mundo, Tlön, en el que el idealismo de George Berkeley es visto como sentido común, en tanto que las doctrinas materialistas son una herejía o incluso una paradoja. Es decir, que los objetos físicos no son sino ideas en la mente y sólo existen en la medida en que son percibidos. En ese universo, el de Tlön, los lenguajes posibilitan el pensamiento, son un instrumento del conocimiento y al mismo tiempo su reflejo y obligan por su propia estructura a una concepción idealista. En la lengua de ese planeta no existen sustantivos, sino verbos impersonales porque la filosofía de ese mundo niega la realidad estable y formula un mundo sin sustancias.

La capacidad del lenguaje para crear mundos, nombrar seres, simular la realidad o contradecirla es un tema muy del gusto de Borges que, además, siempre mostró cierta adherencia al idealismo a la hora de elegir una doctrina filosófica. En sus conversaciones con Esther Vázquez, hace referencia a Berkeley, cuya creencia en que el universo es un sueño de Dios no le ofrece suficiente certidumbre. “Lo veo como una posibilidad o una esperanza y si he participado de esa filosofía, ha sido para los propósitos particulares del cuento y mientras lo escribía”. Y añade, de forma algo contradictoria: “Niego la exterioridad de los sentidos, pero vivo como todo el mundo porque no se puede vivir de otra manera”.

Las invenciones de la filosofía no son menos fantásticas que las del arte”, escribe el propio Borges para lamentar, en una reseña de 1943, no haber incluido las creaciones de la filosofía en la Antología de la Literatura Fantástica, por lo que habría quedado incompleta, sin querer reparar en su propio cuento sobre lenguaje e idealismo. En defensa de la filosofía como rama fantástica del conocimiento, se pregunta: “¿Qué es la piedra bezoar ante la armonía preestablecida? ¿Quién es el Unicornio ante la Trinidad? ¿Quién es Plinio Apuleyo ante los multiplicadores de Budas del Gran Vehículo? ¿Qué son todas las noches de Sherezade junto a un argumento de Berkeley?”

Borges siempre se empeñó en sugerir el misterio, no en explicarlo, y en promover temas filosóficos: el tiempo, el azar, la muerte, la identidad, el sueño, la insuficiencia lógica del lenguaje … Sus cuentos, incluido ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’ comparten virtudes del género fantástico, pero también del ensayo filosófico y científico y abren un mundo ilimitado al lector. No en vano se puede decir que la obra de Borges es un gran libro de reseñas en el que se condensa todo el universo.

Madrid, 14 de mayo de 2016

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