Baruj Spinoza, príncipe de los filósofos

 spinoza

Ningún filósofo fue más digno, pero tampoco ninguno fue más injuriado y odiado”, palabra de Gilles Deleuze. Injuriado y considerado como “un hombre de una perversión aterradora, fue también el más querido” y “el más noble y amable de los grandes filósofos”, dice de él Bertrand Rusell. Y Hegel pontifica que todo filósofo comienza siendo spinozista. Aunque durante décadas su nombre fue retirado de cualquier registro, sus ideas flotaron sobre la sociedad de los filósofos y sobre la gente del común, aunque no se le reconociera, por imposición o desconocimiento, la paternidad de sus ideas.

Apunte biográfico

Baruj Spinoza nace en 1632 en Amsterdam, en el seno de una familia de acomodados comerciantes de origen español y portugués que gozaba de influencia en la sinagoga y en la comunidad sefardita. Los sefardíes eran en Holanda mucho más abiertos a las nuevas corrientes filosóficas y científicas del siglo que los miembros de la sociedad judía procedentes de otros países europeos, más vinculados al judaísmo rabínico tradicional. Spinoza no será el primero en cuestionar el papel de los rabinos e incluso de la Torá pero la defensa férrea de que ésta no pudo ser escrita por Moisés y su alerta acerca de las nefastas consecuencias de las supersticiones religiosas contribuyeron sustancialmente a su exilio.

Frecuentó la sinagoga, pero también la escuela de Francis Van den Ende, para aprender latín y filosofía. Acudió a sus clases incluso en vida de su padre y, más tarde, tras su excomunión. Van den Ende había sido jesuíta y tenía reputación de librepensador y ateo. En 1662 publicó un texto que proponía instalar en América del Norte una colonia cooperativa, igualitarista, antiesclavista y laica. Sus adversarios, que no eran pocos, le obligaron a exiliarse en París en 1671, donde se convirtió en un líder intelectual y en un agitador político. En 1674, con 72 años, es conducido a la horca acusado de formar parte de una rebelión contra el rey Luis XIV.

En Holanda, pese a ser el país con mayor grado de tolerancia racial y religiosa, no se simpatizaba mucho con los judíos, pero menos cariño se tenía a españoles y portugueses, católicos ambos, tanto por parte de los propios notables judíos como por los calvinistas. Unos y otros eran afectos a la Casa de Orange, por lo que los vínculos de Spinoza con los liberales y sus simpatías por el partido republicano de Jan de Witt, contrario a los grandes monopolios como la Compañía de las Indias de la que era accionista la clase pudiente, tanto judía como calvinista, le hacían sospechoso.

La situación precaria de los judíos de Amsterdam contribuyó a la expulsión de Spinoza porque ponía en peligro la imagen de una comunidad pacífica e integrada en su religión. No querían dar que hablar a los calvinistas. Además, Spinoza defendía ideas religiosas no aptas para ninguna de las dos religiones abrahámicas: la mortalidad del alma y que la Biblia era un conjunto de historias compiladas a lo largo de cientos de años. Esto último no era ninguna novedad y se discutía más o menos abiertamente en los círculos progresistas de la época. Precisamente en 1655 se publicó ‘Praedamnitiae’, una obra de Isaac Le Peyrêre, calvinista, que abordaba la Biblia no como una revelación sino como historias seculares que debían examinarse críticamente.

Tras su terrible excomunión, a los veinticuatro años, en la que queda “maldito” e “intocable”, peor que un paria, para la comunidad judía, Spinoza se convierte en pulidor de lentes y vive de su trabajo muy modestamente. Pero esa vida le permite escribir y debatir con amigos y visitantes. Sus contactos con el partido republicano y la protección de Jan de Witt evitan que las amenazas contra él se concreten, aunque acaba instalándose en La Haya ante la difícil situación que vive en Leyden. En 1672, los hermanos De Witt fueron asesinados y el partido orangista toma de nuevo el poder; su antiguo maestro, Van den Enden, sigue exiliado en París y será ejecutado dos años después. No son buenos tiempos para liberales, republicanos o laicos. Spinoza muere en 1677, seguramente de una afección pulmonar y sus manuscritos, recogidos por su amigo Meyer, comienzan a circular en entregas anónimas perseguidas de forma inexorable.

Contra la religión organizada y la tiranía

Las ideas de Spinoza, tanto las del Tratado Teológico-político, publicado anónimamente en 1670, como las de la Ética, póstumo debido a anatemas, insultos y amenazas recibidas en vida, fueron denunciadas por todos los bienpensantes, ya fueran judíos, católicos, calvinistas o luteranos. Los términos ‘spinozismo’ y ‘spinozista’ se vuelven injurias a partir de la publicación del Tratado, cuya autoría fue inmediatamente descubierta.

En él, Spinoza se pregunta ¿por qué el pueblo es tan profundamente irracional? ¿por qué se enorgullece de su propia esclavitud? ¿por qué el hombre confunde esclavitud con libertad y por qué vivir en libertad es tan difícil? ¿por qué una religión que invoca el amor y la alegría inspira la guerra, la intolerancia, el odio, la tristeza y el remordimiento? El Tratado Teológico-político es un libro explosivo que aún hoy conserva su carga.

Es imposible sujetar la mente ante el total control de otro”, escribía Baruj Spinoza para hacer comprender que la libertad resulta indispensable para la paz social y el buen gobierno. Si se restringe esta libertad se debilita al propio gobierno, que pierde todo vínculo con la sociedad.

Y prosigue en lo que es todo un ataque al Estado de su tiempo: “El gran secreto del régimen monárquico y su máximo interés consiste en mantener engañados a los hombres y en disfrazar, bajo el nombre de religión, el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si tratara de su salvación, y no consideren una ignominia, sino el máximo honor, dar su sangre y su alma para orgullo de un solo hombre”.

Spinoza entre la gente común

La vida y la obra de Spinoza, especialmente en lo que se refiere a la resistencia frente al poder injusto y contra todas las ‘pasiones tristes’ que amargan la existencia, fue para muchos hombres, incluso para aquellos que no llegaron nunca a leer las complicadísimas definiciones, axiomas y teoremas que acompañan a su Ética, un consuelo y también una bandera.

Deleuze

Gilles Deleuze recoge en la primera página de su libro sobre Spinoza un fragmento de la novela de Bernard Malamud, El hombre de Kiev, en el que un hombre común que no entiende nada de filosofía cuenta que cayó en sus manos un libro de Spinoza, por el que pagó un kopek, del que leyó unas páginas y tuvo que continuar haciéndolo “como si una ráfaga de viento me empujase por la espalda”. Reconoce que no lo ha comprendido enteramente pero que, “tras abordar ideas como ésas, ya no se es el mismo hombre” y, pese a no entenderlo del todo, el libro quiere decir que “Spinoza quiso hacer de sí mismo un hombre libre” y esto “llevando hasta el fin sus pensamientos y enlazando todos los elementos entre sí”.

Desde la aparición misma del Tratado teológico-político en 1670, existe una comprensión “analfabeta” de Spinoza, reconoce Diego Tatián, experto en la obra del filósofo holandés. “Una misteriosa dimensión de spinozismo popular, bella y singular paradoja de una filosofía extremadamente técnica y que, no obstante, ha sido desde siempre considerada como un bien de uso por hombres y mujeres sin preparación filosófica. Algo en ella se siente antes de que se comprenda”.

Podría ser, en opinión de Tatián, que las ideas de Spinoza fueran asumidas por artesanos y hombres del pueblo para enfrentarse al dogmatismo y a los poderes tiránicos y que su filosofía fuera entendida como una convergencia de realidades opuestas hasta ese momento: religión y libertad, amor a la vida y ética, materia y pensamiento. Así ocurrió que, en 1714, un zapatero de Middleburg llamado Maarinus Booms fue declarado culpable de “espantosos errores” derivados de la lectura de Spinoza y, en consecuencia, fue excomulgado y expulsado de la ciudad. Y ocurrió lo mismo pocos años después a su propia empleada doméstica. “¿Qué puede haber en esa filosofía de atractivo para zapateros y domésticas? ¿Por qué fascina un pensamiento? Sea como fuere, hay quien sostiene que se invoca aún el nombre de Spinoza en los círculos obreros de Amsterdam”.

Olvido y resurgimiento de Spinoza

Su primer biógrafo, el pastor Johannes Colerus, que publicó su semblanza veintiocho años después de su muerte, le calificó de “ateo virtuoso” como si fuera extraña la conjunción de ambas situaciones. Pero ese ateísmo será la enemiga de muchos de sus contemporáneos, desde Leibniz a Bossuet, aunque algunos de ellos dejaron deslizar ciertos elogios de forma oculta o irónica.

A finales de 1677, Rieuwertz, amigo y editor de Spinoza, hizo imprimir un libro titulado Opera posthuma, en el que incluyó la Ética. Las autoridades holandesas lo prohibieron y lo mismo hicieron otros países europeos. Se inspeccionaban las librerías y se confiscaban los ejemplares descubiertos, pero se distribuyeron y pasaron a formar parte de las bibliotecas particulares. Pese a que sus ideas no podían citarse en ninguna obra impresa, excepto para ser vilipendiadas, se simularon críticas que las diseminaron de forma encubierta.

No siempre tuvo éxito esta simulación. Montesquieu, cuyas ideas sobre ética, Dios, la religión organizada y la política son espinozianas, fue denunciado y obligado a negar esas influencias y hacer una declaración pública de su fe en un Dios creador.

Goethe

Spinoza sobrevivió a las críticas coléricas y a las que le ridiculizaban y surgió como un espíritu “profundo y justo” de la pluma de Goethe, que así lo escribió en una carta en 1784, en la que comunicaba que estaba leyendo la Ética y que se sentía muy cerca del filósofo holandés. El gran escritor alemán decide convertirse en editor de la correspondencia del filósofo y presentarlo como un modelo de vida intelectual pura.

El movimiento Sturm und Drang, que precede al romanticismo y del que forma parte Goethe y Herder, encuentra en Spinoza una guía hacia la revalorización de la naturaleza y su mística. Su apuesta por el renacimiento de la antigua conciencia cósmica y la vivencia de un “yo” divino en la naturaleza acercaron a los poetas románticos al filósofo holandés, en el que vieron la fuente del pensamiento radical y, sobre todo, la expresión del concepto de infinito. Los poetas ingleses fueron especialmente ruidosos en su defensa de Spinoza; desde Coleridge, a Wordsworth, Shelley, Tennyson y Eliot.

Spinoza deja de ser “olvidado” y su influencia se extiende a casi todos los filósofos que le sucedieron; en el siglo XIX a Marx, Feuerbach y Shopenhauer, a quien Nietzsche, también ‘spinozista’ tendrá como primer maestro espiritual. Asimismo influye en Sigmund Freud, en concreto la idea de autopreservación, pero el maestro vienés nunca lo citó.

La generación del 68 volverá a recuperarlo como bandera de sus ansias de liberación; Deleuze y Matheron defienden un Spinoza rebelde e incluso subversivo; en los ochenta, la izquierda busca en él una forma de oponerse a la hegemonía neoliberal que inicia la conquista de posiciones aún hoy imbatidas y en estos comienzos del siglo que nos alumbra se suceden las ediciones de sus obras y de sus intérpretes o seguidores, como Antonio Negri.

Bibliografía

-Gilles Deleuze, Spinoza: Filosofía práctica, Tusquets Editores, 2001

-Diego Tatián, La cautela del salvaje (Pasiones y política en Spinoza), 2001; Spinoza, una introducción, 2009; Spinoza, filosofía terrenal, 2014

-Antonio Negri, Spinoza subversivo, 2002; Spinoza y nosotros, 2011; La anomalía salvaje. Ensayo sobre poder y potencia en Baruch Spinoza, 2015

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