Spinoza: Dios o Naturaleza, una sola sustancia (2)

Universo

La gran tesis teórica del spinozismo proclama la existencia de una sola sustancia que consta de una infinidad de atributos, sustancia infinita y solitaria que se expresa en “criaturas”, modificaciones de ella misma. “Una sola sustancia para todos los atributos; una sola Naturaleza para todos los cuerpos, una sola Naturaleza para todos los individuos; una Naturaleza que es ella misma un individuo capaz de afirmación de una infinidad de maneras” (1).

Esta única realidad cuya infinitud resume y agota todo lo que existe, es lo que Spinoza llama “Dios o Naturaleza”, términos rigurosamente equivalentes y perfectamente intercambiables. Panteísmo y ateísmo se combinan en esta tesis negando la existencia de un Dios moral, creador y trascendente. Dios está en todas las cosas y todas las cosas viven por su poder. Se trata de un Dios impersonal e imperturbable que merece, según Spinoza, el “amor intelectual” de los hombres, no el servilismo a una figura antropomórfica que no existe.

Cuando decimos que Spinoza era ateo tropezamos con un problema de lenguaje: el uso de la palabra “Dios” y su significado. Desde el punto de vista de un teísta, Spinoza es ateo porque niega la existencia de un Dios al que se pueda rezar, sea dispensador de premios y castigos y ofrezca una esperanza de inmortalidad. Y, sin embargo, para los antiguos romanos quienes eran ateos eran los cristianos porque tenían una especie de Dios, pero no era real: ni creían en la divinidad de los emperadores glorificados ni en los dioses del Olimpo, luego eran ateos (2).

El poeta Novalis, poeta romántico alemán nacido en el último tercio del siglo XVIII en el apenas vivió, puso en circulación una definición de Spinoza que hizo fortuna: un hombre “ebrio de Dios”. Si repasamos la Ética podemos comprobar que menciona a Dios en cada página e incluso en cada párrafo, pero también vemos que se aleja de una visión ‘mística’, tan del gusto de los románticos, y de la idea de una potencia consciente dotada de benevolencia suma, tan del gusto del sentimentalismo ecologista.

Spinoza, en coherencia con su representación de la substancia, siempre negó que Dios o la Naturaleza pudiera ser pensado como un todo que “totalizase” partes o un orden que unificase la pluralidad. Si panteísta es quien considera que todo está informado por algo que la reconduce a una unidad, Spinoza difícilmente puede ser considerado como tal. Dios no puede ser un todo porque la infinitud absoluta nunca puede serlo, ni tampoco es orden, porque la realidad no es ordenada ni confusa (3).

Einstein

Einstein y el Dios de Spinoza

En 1921, Einstein le contestó a un rabino en Nueva York que le preguntó si creía en Dios: “Creo en el Dios de Spinoza que se revela en la ordenada armonía de lo que existe, no en un Dios que se preocupa por el destino y las acciones de los seres humanos”. Y en 1930 escribió que le resulta imposible de imaginar a un Dios que premie o castigue a los hombres creados por él mismo; tampoco puede pensar en que el individuo sobreviva a su muerte corporal y critica que “las almas débiles alimenten esos pensamientos por miedo o por un ridículo egoísmo”.

Al igual que a Spinoza, a Einstein le bastaba con “el misterio de la eternidad de la Vida, con el presentimiento y la conciencia de la construcción prodigiosa de lo existente, con la honesta aspiración de comprender hasta la minima parte de razón que podamos discernir en la obra de la Naturaleza” (4). Einstein entendía por Dios algo no muy diferente a la suma total de las leyes de la naturaleza que rigen y explican el universo.

El sentimiento religioso de Einstein toma la forma de una “estupefacción extasiada” ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparado con ella, todo el pensamiento y la actuación de los seres humanos es un reflejo absolutamente insignificante. Así describe Antonio Damasio el sentimiento de alegría y asombro que el mismo Einstein denominó cósmico y que es pariente del amor intellectualis Dei de Spinoza. Considera el neurocientífico que el sentimiento de Einstein es algo más exuberante y atañe más al corazón en tanto que el de Spinoza es más interior, más restringido (5)

La felicidad

El sistema de Spinoza tiene un Dios que es el origen de todo lo que existe pero es también todo lo que existe. No se le puede rezar ni rogar porque ni nos castigará ni nos premiará. La vida no es un concurso para conseguir una recompensa, sino la recompensa misma y de lo que se trata es de conseguir la paz interior y la felicidad, aquí y ahora, por lo que las acciones no deben ir encaminadas a complacer a Dios, sino a actuar de conformidad con la naturaleza de Dios. Para ello existen dos caminos: una vida virtuosa, obediente a las reglas de un Estado democrático atento a la naturaleza de Dios, incluso con un poco de ayuda de la sabiduría de la Biblia (rechazando la superstición, naturalmente) y una segunda ruta, que exige lo anterior y también la comprensión y la intuición basada en el conocimiento y la razón.

En esta segunda senda es necesaria la aceptación de los acontecimientos naturales, como la muerte y la pérdida, que no pueden evitarse. Se trata de suprimir los estímulos emocionales negativos generando emociones positivas. La solución de Spinoza se basa en el poder de la mente sobre el proceso emocional, que a su vez depende del descubrimiento de las causas de las emociones negativas e implica que el individuo reflexione sobre la vida guiado por el conocimiento y la razón, en la perspectiva de la eternidad (de Dios o de la Naturaleza) y no en la perspectiva de la propia inmortalidad.

Estrella

Las religiones pueden otorgar consuelo, pero a costa de la estupidez, dice Spinoza: el sabio sabe que “quien ama a Dios no puede esforzarse en que Dios le ame a él” porque es consciente de que Dios, al no ser un sujeto dotado de entendimiento y voluntad es extraño al halago o al rezo. Spinoza llega a reconocer cierta utilidad de la religión para el vulgo, e incluso tiene una muy buena opinión de algunas enseñanzas de la Biblia, pero concluye que no tiene nada que ver con la razón.

La salvación está en el conocimiento y alcanzar ese conocimiento es difícil y trabajoso, dice Spinoza. La parte quinta de la Ética, aparentemente mística, habla de la ‘beatitud’, que nada tiene de felicidad en sentido hedonista. “Permanecer consciente de sí y de las cosas, sabiendo que la salvación no está en otro mundo, ni en un mundo mejor, sino en lo que hay”, es su recomendación.

Bibliografía

(1) Gilles Deleuze, Spinoza: Filosofía práctica, Tusquets, 2009

(2) Carl Sagan, La hipótesis de Dios, en ‘Dios no existe’, de Christopher Hitchens, Random House, 2010

(3) Vidal Peña, Prólogo a la Ética de Spinoza, Alianza Editorial, 2011

(4) Albert Einstein, Mi visión del mundo, Tusquets, 2002

(5) Antonio Damasio, En busca de Spinoza, Ediciones Destino 2011

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