Yuval Noah Harari, De animales a dioses (Breve historia de la humanidad)

ciborgs

De simples primates a dueños del mundo: el Homo sapiens ha pasado de ser uno más en el ecosistema terrestre a convertirse en su amo y señor, gracias al chismorreo y a las fantasías permitidas por un lenguaje único. Ésta es la tesis que recorre el libro de Yuval Noah Harari, un relato de cómo unos simples primates evolucionaron hasta adquirir las capacidades divinas de la creación y de la destrucción.

Chismorreo y ficción

La primera gran revolución se dio hace más de 30.000 años con la aparición de nuevas formas de pensar y de comunicarse, concretadas en un lenguaje único, que evolucionó, dice el autor, como una variante del chismorreo. Podemos imaginar lo importante que fue poder transmitir información acerca de dónde estaban los leones, dónde la mejor fruta, y cuándo llegaría el invierno. Pero sobre todo, “quién en la tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo”, es decir, el cotilleo.

Esto de hablar de los demás (a sus espaldas) parece una mala práctica, algo pernicioso y, sin embargo, resultó esencial para fomentar la cooperación y refinarla, porque la información “acerca de en quién se podía confiar significaba que las cuadrillas pequeñas” podían aumentar de tamaño y ser más eficientes. Después de todo, es lo que hacen los periodistas: informar a la sociedad de su fiscalización a los “tramposos y gorrones” que ejercen el poder político o económico.

Pero, la característica realmente única de nuestro lenguaje es “la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto”. Y esas cosas que no existen son leyendas, religiones e ideologías. Todo aquello que pueda hacer que un gran número de extraños cooperen con éxito.

hararilibro

El máximo tamaño natural de un grupo en el que todos sus miembros se conocen es de unos 150 individuos. Para construir grandes ciudades de decenas de miles de habitantes e imperios de cientos de millones tuvo que aparecer la ficción y hacer creer a estos miles y millones de gentes determinadas historias sobre los dioses, la soberanía popular o las compañías de responsabilidad limitada.

En la antigua Babilonia, el Código de Hammurabi establecía que los hombres son fundamentalmente desiguales; en la actualidad ninguna Constitución democrática diría algo así, sino todo lo contrario. No son verdad ni mentira. “El único lugar en el que tales principios existen es en la imaginación de los sapiens y en los mitos que se inventan y se cuentan unos a otros”.

Los mitos cambian en función de las necesidades y ésa es la clave del éxito de Homo sapiens porque la revisión de la ficción asegura que el comportamiento social se adapte o se enfrente a nuevos retos. Además, la gente puede dejar de creer en los mitos que hasta ese momento habían sustentado el orden imaginado en el que vivían. Para mantener ese orden hace falta creyentes porque sin ellos, se desvanece y porque la violencia es un precio demasiado alto y al final nunca compensa.

En un alarde un poco cínico, Harari nos dice que para que la gente crea en un orden imaginado, como el cristianismo, la democracia o el capitalismo, es necesario no admitir nunca que es un orden imaginado y educar a la gente de forma concienzuda, haciéndoles creer que sus deseos son realmente suyos y que no están programados por esa ficción que sólo existe en la imaginación compartida de miles y millones.

Los órdenes imaginados de nuestras sociedades no han sido ni neutros ni justos. Siempre han sido jerárquicos y su ejemplo más conspicuo lo constituye la esclavitud. También han sido jerárquicos en cuanto al género: las mujeres han ocupado durante siglos el escalón inferior de la sociedad. Y, sin embargo, ahora sabemos -y defendemos- que ninguno de los dos órdenes son ciertos: ni los negros ni las mujeres son menos que los hombres blancos.

harari
Yuval Noah Harari

Comerciantes, guerreros y profetas

Estos órdenes imaginados, que también podemos llamar “culturas”, han caminado en paralelo y con discrepancias durante siglos, aunque con una clara tendencia a la universalización, tendencia favorecida por el establecimiento de tres órdenes: el económico, el político y el religioso.

En el primero, el orden económico, se inventó el dinero, una nueva realidad intersubjetiva que sólo existe en la imaginación compartida de la gente y es, además, el más universal y eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado.

En el ámbito político, Harari defiende que los imperios han contribuido a la unificación de la humanidad. La evolución -asegura- ha convertido a Homo sapiens, como a otros animales sociales, en un ser xenóbofo, pero la ideología imperial desde Ciro en adelante ha tendido a ser inclusiva y global. Y este criterio pasó de los persas a Alejandro Magno y a los romanos, e incluso llegó a los soviéticos y a los presidentes de los Estados Unidos. Con un argumento mítico que muchos creyeron: ‘Reinamos sobre todo el mundo en beneficio de todas las gentes’.

Junto al dinero y a los imperios, la religión ha sido la tercera gran unificadora de la humanidad al conferir legitimidad divina a las jerarquías sociales y a las leyes. Hoy, el monoteísmo en particular es una fuente de discriminación, desacuerdo y desunión. Pese al nuevo ímpetu del Islam y de las sectas cristianas en Estados Unidos, las religiones se baten en retirada (al menos del escenario público), en gran parte debido a la violencia que han ejercido en el pasado y en la actualidad y cuyo ejemplo más patente es el integrismo musulmán rampante en Oriente Próximo.

En estos tiempos de globalización son muchas las culturas -los constructos imaginados- que han desaparecido para aglutinarse en ‘megaculturas’, como si la historia remara en esa dirección. Pero la pregunta que surge es si la universalización cultural es lo mejor. No hay pruebas de que la historia actúe en beneficio de los hombres y su bienestar.

La aportación de Harari

De animales a dioses” se publicó en 2013 y ha sido leído por miles de personas en más de veinte idiomas. En 2015, fue seleccionado por el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, para figurar en la lista en la que invita a sus 38 millones de contactos a leerlo.

evoluciongfhhj

En realidad, Harari no aporta ningún concepto nuevo. Pretende demostrar que el arma secreta de Homo sapiens para prosperar ha sido su capacidad para conseguir que, engañados colectivamente, todos cooperen. No es nada nuevo. Sí consigue escribir un libro desenfadado, con un lenguaje sencillo y a la vez provocativo, como cuando dice que nuestra especie empezó su exitosa andadura “chismorreando” pero que luego tuvo que inventarse “órdenes imaginarios” para conseguir que grandes grupos cooperaran con eficacia, aunque no siempre para conseguir lo mejor y lo más justo.

Que nuestro sofisticado lenguaje haya sido un arma de comunicación imprescindible para prosperar en la Tierra es innegable y admitido desde las primeras intuiciones evolucionistas. La singularidad de su cerebro y de su comportamiento permite a Homo sapiens adoptar símbolos arbitrarios y modificar el entorno. Su capacidad para inventar grandes proyectos, como las religiones, no se pone en duda. Es cultura evolutiva.

Lo novedoso en Harari, tal como yo lo veo, es su desparpajo a la hora de hacer un recorrido por la historia, seleccionando determinados acontecimientos para mostrarnos la capacidad de la especie para lidiar con la realidad y haciendo afirmaciones contundentes sobre cuestiones que muchos consideran sacrosantas. Que el dinero no existe y que es un pacto de confianza que permite el intercambio; que de la noche a la mañana podemos pasar de creer en el derecho divino de los reyes a defender la soberanía popular; que el crédito aparece en contraposición a la cultura tradicional y que supone el mayor acto de fe en el futuro de la historia o que las religiones son mitos, e incluso literatura fantástica, como las catalogó Borges, son cuestiones que no deben sorprendernos a estas alturas.

Hemos llegado hasta aquí inventando religiones, mitos, leyendas, principios universales e ideologías -con mayor o menor éxito y con mayor o menor sufrimiento. El reto es cómo conseguir que en los peligrosos cien años que tenemos por delante no se produzca ningún cataclismo climático, nuclear o biológico. Los órdenes imaginarios de antaño ya no sirven: unos, porque han demostrado su falsedad y su injusticia, como las ideologías siniestras del siglo XX que aún perviven en reductos xenófobos; otros, porque no han dado el resultado apetecido. Según Harari, existen otros mitos, como el del libre mercado o los derechos humanos, tan ficticios como los anteriores. Más que ficticios, que no lo niego, me parecen insuficientes ante los desafíos de esta época.

Nuestra capacidad de autodestrucción no ha ido acompañada de una evolución cultural que nos permita tener la seguridad de que podemos evitar el fracaso y la extinción. Uno de los artículos de este blog lleva por título ‘Nosotros, Señores del hiperespacio’ y en él y en el anterior se alertaba del riesgo de no llegar, no ya de quedarnos a medio camino, sino de extinguirnos sin más. Podemos convertirnos en señores del hiperespacio, colonizar el universo, doblegar el tiempo y las dimensiones, transformarnos incluso en otra especie más inteligente, más feliz y más solidaria, pero todo esto puede frustrarse en menos de cien años.

Harari finaliza su libro con un párrafo de grave advertencia, en el que señala que Homo sapiens se transformó en el amo de todo el planeta y en el terror del ecosistema a lo largo de milenios y hoy está a punto de convertirse en un dios con las capacidades divinas de la creación y de la destrucción, pero “insatisfecho e irresponsable” y, por lo tanto, muy peligroso.

Los caminos que hoy tiene ante sí Homo sapiens pueden producir un cambio revolucionario como el que supuso la revolución cognitiva en el Neolítico. Estamos en el inicio de una revolución biológica, en la que el hombre dejará de ser lo que es, mediante ingeniería biológica, de ciborgs o mediante la ingeniería de vida inorgánica. Harari deja en el aire todas estas cuestiones y otras más, que probablemente haya concretado en su último libro, ‘Homo Deus. Breve historia del mañana’.

Nota: Yuval Noah Harari, profesor de Historia de la Universidad de Jerusalén y doctor por la Universidad de Oxford.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s