La Guía del Autoestopista Galáctico y el sentido de la vida, de Douglas Adams

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El proyecto de construir una autopista galáctica que pasa exactamente por el lugar que ocupa la Tierra no es una de las amenazas contempladas en la lista de riesgos para la supervivencia de nuestro planeta y, sin embargo las naves vogonas se dirigen hacia sus inmediaciones para hacerla explotar sin más miramiento. “Activad los rayos de demolición”, ordena el jefe de unas de las razas más antipática y burocrática y de físico más ordinario del universo.

Como no ha habido ninguna reclamación en el Departamento de Planificación de Alfa Centauro, el jefe vogón que dirige la nave de demolición no está obligado a dar plazo alguno. Además, se dice para sí: “Es un planeta indolente y molesto, no le tengo ninguna simpatía”. Ciertamente, la Tierra es un lugar prácticamente desconocido y carente de interés. La Guía del Autoestopista Galáctico la despacha en dos palabras: “Fundamentalmente inofensiva”.

Arthur Dent, humano, y Ford Perfect, beteugelsiano, consiguen salir vivos segundos antes de la gran explosión gracias a la Energía de la Improbabilidad Absoluta que propulsa la nave ‘Corazón de oro’ y gracias a la cual, lo más improbable sucede. Como que ahí afuera les espere un número infinito de monos que quieren hablarles de un guión de Hamlet que ellos mismos han elaborado.

Como todo el mundo sabe, el ‘teorema del mono infinito’ afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir cualquier texto dado, incluso el Hamlet de Shakespeare. Se trata de una metáfora de la creación de una secuencia aleatoria de letras ad infinitum y la idea original fue planteada por Émile Borel en 1913 en ‘Mecánica estadística e irreversibilidad’.

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La destrucción de la Tierra a cambio de la construcción de una carretera de circunvalación le deja a Dent sumido en el estupor. Ford intenta consolarle con una historia que oyó una vez: que un planeta de la séptima dimensión fue utilizado como bola en un billar intergaláctico y de un golpe lo metieron directamente en un agujero negro. No se ha sabido más de él.

Con la destrucción de la Tierra y el salvamento improbable de Arthur Dent y de Ford Pefect comienza el primer libro de Douglas Adams, que lleva por título ‘La Guía del Autoestopista Galáctico’ y que, más que una saga de ciencia ficción humorística es una parodia sobre la búsqueda de la Respuesta al Sentido de la Vida, del Universo y de Todo lo Demás.

Lo terrible de la destrucción de la Tierra es que fue aniquilada por error cinco minutos antes de que diera la respuesta a esta pregunta. Muchísimos millones de años antes, una raza de seres pandimensionados hiperinteligentes quedó tan harta de la discusión sobre el ‘sentido’ que decidieron resolverlo de una vez por todas y construyeron un ordenador estupendo al que llamaron Pensamiento Profundo y al que pidieron la Respuesta a la Vida, al Universo y a Todo lo Demás. Siete millones y medio de años despues contestó “con calma y majestad infinitas”: 42. A todas luces era una respuesta insatisfactoria y para resolver la respuesta se creó un ordenador más potente que se llamaría …. la Tierra.

Y es que el Universo es tan grande, tan infinito, tan inconmensurable e inconsistente. En ‘El restaurante del fin del mundo’, otro de los personajes de Adams, Zaphod, que fuera presidente de la Galaxia y ladrón de la nave propulsada por la Energía de la Improbabilidad Absoluta, debe encontrar al auténtico hombre que rige el Universo porque parece que las cosas no marchan como debieran.

En esta búsqueda se encuentra con el Vórtice de la Perspectiva Total, “que obtiene la imagen de la totalidad del Universo mediante el principio de análisis de la extrapolación de la materia”, con lo que “es posible extrapolar el conjunto de la creación: todos los soles, todos los planetas, sus órbitas, su composición, su economía y su historia social”. Una especie de aleph que, en realidad no sirve para nada. Es mucho mejor consultar la Guía del Autoestopista Galáctico, que facilitará la tarea a quienes se sientan inclinados a encontrar un sentido a la vida en un Universo infinitamente confuso y complejo.

El tercer libro de la serie cósmica y cómica por antonomasia se titula ‘La vida, el universo y todo lo demás’. Aquí se confirma que 42 es la respuesta definitiva. Pero si aplicamos el principio de incertidumbre (ese que dice que es imposible medir simultáneamente y con precisión absoluta el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula) surge una teoría que afirma que “si alguien descubriera lo que es exactamente el universo y el porqué de su existencia, desaparecería al instante y sería sustituido por algo más extraño e inexplicable. Hay otra teoría que afirma que eso ya ha ocurrido”.

¿Por qué el número 42 es la respuesta? Douglas Adams quiso zanjar todas las especulaciones y en 1993 aseguró que fue una broma, que tenía que ser un número ordinario y pequeño, un tipo de número que podrías presentar sin ningún miedo a tus padres y por eso lo eligió y que representaciones binarias, base 13 o monjes tibetanos son explicaciones disparatadas. “Me senté en mi escritorio, miré hacia el jardín y pensé: ’42 será’ y lo escribí. Fin de la historia”.

Pero las especulaciones sobre el número 42 prosiguieron, entre otras cosas, porque el propio Adams cambiaba continuamente el lugar en el que se le ocurrió la respuesta: que si caminando hacia su casa, que si en el jardín… Su amigo Stephen Fry -uno de los cincuenta mejores humoristas del mundo, según The Observer– aseguró que él sabía “exactamente por qué 42” (porque Adams se lo dijo) y que la razón es “fascinante” pero que nunca le revelará a nadie el secreto y se irá con él a la tumba.

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Tan popular se ha hecho el número 42 que si se teclea en la búsqueda de Google ‘the answer to life the universe and everything’ aparece una calculadora y la respuesta es 42 en toda su gloria cuadricular.

La siguiente novela de la saga – ‘Hasta luego y gracias por el pescado’nos cuenta, entre otras vicisitudes, el aterrizaje de una enorme y plateada nave espacial en el centro de Londres y la inevitable destrucción de Harrod’s en el impacto.

La quinta y última de la serie es ‘Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva’, en la que continúan las aventuras de los terrícolas Arthur Dent y Trillian, el nativo de Betelgeuse y redactor de la Guía Ford Perfect y el androide paranoico Marvin, todo un tipo, al que Radiohead dedicó una canción.

El día de la toalla

Nueve años después de la publicación del ‘Informe…’, en 2001, Douglas Adams murió repentinamente de un infarto. Tenía 49 años.

En su homenaje, cada 25 de mayo desde 2001 se celebra el Día de la Toalla y la tradición obliga a llevar una encima porque la toalla -como sabe cualquier avezado lector de la Guía- es uno de los adminículos imprescindibles para un recorrido galáctico: sirve para envolverse en ella y calentarse, puede hacer de esterilla en la playa, se puede usar como vela en una balsa diminuta y, mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo… También puede uno secarse con ella, pero sobre todo, tiene un gran valor psicológico al ofrecer la seguridad de que si llevas la toalla, también llevarás el cepillo de dientes, el jabón, la bŕujula, el mapa, un rollo de cordel, el traje espacial y todo lo que uno necesita en un viaje interestelar.

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