Gilgamesh, el primer viaje

gilgamesh-and-enkidu

El babilonio Gilgamesh protagoniza la primera epopeya conocida y, como todos los héroes que le siguieron, emprende viajes para demostrar su valor y dejar grabado su nombre y sus hazañas para la posteridad.

La narración de las aventuras de este rey de Uruk se compuso en acadio a principios del II milenio a.e.c. y en ella se refleja el mundo de los sumerios que para entonces había dejado de existir. Llegaron a Mesopotamia hace 7.000 años y, en sucesivas migraciones fueron avanzando por las llanuras de los cursos del Tigris y del Éufrates, hasta alcanzar el estuario de ambos ríos, donde fundaron las primeras ciudades conocidas: Eridú (hacia el año 5000 a.e.c.), Uruk, Sippar y otras que con el tiempo formaron reinos que se pierden en la leyenda.

El Poema de Gilgamesh no se conserva completo y fue redescubierto en 1853, impreso en unas tablillas de arcilla enterradas entre las ruinas de la biblioteca que perteneciera al rey asirio Asurbanipal, en Nínive. Son un total de once tablillas escritas en acadio, fragmentarias, las últimas copias de un texto que fue primero recopilado por un escriba llamado Sin-Leqi-Unninni, alrededor del año 1200 a.e.c, que a su vez trabajaba con material de unos ochocientos años antes.

Se supuso durante mucho tiempo que Gilgamesh era un personaje legendario, hijo de la diosa Ninsun y de un sacerdote de su templo en Uruk, pero hallazgos arqueológicos muestran que probablemente fuera el quinto rey de la Primera Dinastía de esta ciudad, que vivió hacia el año 2650 a.e.c. y que construyó canales, una muralla reforzada por novecientas torres circulares en Uruk y un gran templo a Enlil en la ciudad de Nippur.

Por las tablillas y los fragmentos de esta epopeya que han llegado a nuestros días, sabemos que Gilgamesh, “gigantesco y terrible”, se comporta mal con sus súbditos, por lo que la diosa madre Aururu modela con barro a Enkidu y luego le insufla la vida para que se enfrente al orgulloso rey. Tras una colosal pelea se hacen amigos y comparten viajes y aventuras.

Lo primero que hacen Gilgamesh y Enkidu es viajar al país de los cedros, del que los sumerios recibían la madera más apreciada para la construcción de sus templos y palacios. Al igual que los héroes homéricos, el rey de Uruk busca la fama y que se hable de él: “Yo no he establecido mi nombre en ladrillos como mi destino ha decretado. Por lo tanto, iré al país donde se corta el cedro e inscribiré mi nombre donde se inscriben los nombres de los hombres famosos; y allí donde no se ha inscrito el nombre de hombre alguno, alzaré un monumento a los dioses”.

Los consejeros del reino advierten a Gilgamesh del peligro que corre, le avisan de que el guardián del bosque de los cedros es aterrador, de que “el rugido de Humbaba es el diluvio, sus fauces son el fuego, su aliento es la muerte” y quien entra en sus dominios sufre una parálisis inevitable. Pero el deseo de honor y de gloria son más fuertes y, desatendiendo consejos, decide “emprender un camino que ignora y un combate que desconoce”. Los dos amigos ascienden a la cumbre de siete montañas y en la cima Gilgamesh tiene sueños que Enkidu interpreta favorablemente. Cuando llegan al bosque de los cedros, el dios Shamash envía contra el ogro todas las tempestades y los trece vientos del mundo para dificultarle la visión. Tras matar al terrible Humbaba, Gilgamesh tala el gran cedro que atraviesa los cielos, fabrica con él un puerta gigantesca y la transporta como si fuera una balsa aguas abajo del río Éufrates.

Regresa el héroe a su ciudad, pero los dioses no están contentos con sus actos y mucho menos la diosa Ishtar, que ha sido rechazada por Gilgamesh. Una versión hitita, medio milenio anterior a la de Nínive, cuenta que Enkidu ha visto en sueños una reunión de los dioses en la que se decreta su muerte y la de Gilgamesh por haber matado a Humbaba y al toro celeste. El dios Shamash vota en contra pero el dios Enlil impone su voto de calidad y determina que sólo muera Enkidu, sobre el que se abate una fiebre mortal.

Hay otra versión en la que Enkidu baja al inframundo para recuperar la pelota y la pala maravillosas de su amigo, fracasa por no seguir las instrucciones y queda preso en el infierno. Tras la katábasis fallida de Enkidu, su alma consigue salir por una rendija para contar a Gilgamesh lo que ocurre en el inframundo. También aquí se aprecia un paralelismo entre la casa de las tinieblas de la epopeya babilónica y el Hades visitado por Ulises. Otra semejanza se observa en la Iliada: así como al rey de Uruk se le presenta su amigo ya muerto, Aquiles recibe la visita del espíritu de Patroclo en un sueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La vida de ultratumba para los sumerios era tan poco atractiva como para los griegos. Enkidu desciende a la casa oscura, la morada de Irkalla”. Su nombre no figura en la tablilla de Belet-seri, la escriba del inframundo, pero el héroe se queda atrapado en un tiempo sin tiempo, en la casa de la que nadie que haya entrado vuelve a salir, la ruta por cuyo trazado nadie regresa, la casa cuyos moradores están sumidos en las tinieblas, donde el polvo es su manjar y el barro su alimento, cuyo vestido es el de los pájaros, emplumados, y en la que sobre las puertas y cerrojos se esparce el polvo”.

La tablilla VIII de la versión ninivita contiene el lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo y su deseo de sustraerse al destino que los dioses han deparado a todos los hombres y que no es otro que la muerte, por lo que decide ir en busca de la pócima, el conjuro o la planta de la eterna juventud y viaja para consultar a Utanapitsi, el único hombre que sobrevivió al Diluvio y se incorporó a la asamblea de los dioses. Él le revelará el secreto de la muerte y de la vida.

Gilgamesh llega a las Montañas Gemelas y emprende el camino hacia el oeste que lleva al fin de mundo, la misma ruta que recorre el sol, pero lo hace en la oscuridad de la noche, se adelanta al mismo sol para no ser abrasado por él; consigue cruzar el océano con ayuda del barquero Ursanabi y, por fin, llega hasta Utanapitsi que le hace un relato de cómo el dios Enlil decidió ahogar a todos los hombres en el Diluvio porque su ruido le molestaba y no le dejaban dormir y cómo él construyó un arca y la llenó de las semillas de todos los seres vivos. Finalmente le revela el secreto de los dioses: una planta espinosa que crece en el fondo del Apzú y que proporciona la eterna juventud. Gilgamesh consigue arrancar la planta pero en un descuido una serpiente se la arrebata, tal vez el mismo demonio que en el Paraíso Terrenal con su engaño robó la inmortalidad a Adán, a Eva y a todos sus descendientes y que, tras probar la planta, “al volverse, arrojó su piel vieja”.

Shamash ya le advirtió a Gilgamesh que los dioses establecieron la muerte para la humanidad y reservaron la vida para ellos y que él no hallará la vida que busca. Su viaje en busca de la inmortalidad fracasa, como ha fracasado el viaje de Enkidu a los infiernos. La epopeya babilónica, dice el crítico inventado por Stanislaw Lem en “Vacío perfecto” para reseñar un libro inexistente, ‘Gigamesh’, escrito por un autor imaginario, es la tragedia de una lucha coronada por la derrota que Homero plagia en la Odisea pero reduciéndola a un viaje turístico por el Mediterráneo con final feliz muy del gusto de los griegos.

gigamesh_dandibuja

Sólo un crítico, un libro y un autor apócrifos pueden decir que la obra de Homero es un comic de la antigüedad en el que Ulises hace de supermán y todos acaban comiendo perdices. ‘Gigamesh’ es una sátira sobre el personaje de Joyce: el héroe babilónico se ha transformado en un gánster profesional y toda la acción se desarrolla en 36 minutos. El autor irlandés ya auguró que su obra daría trabajo a los críticos durante trescientos años y el autor imaginario de Lem, Patrick Hannahan, decide colaborar en la tarea y a su narración, de 395 páginas, le endosa una introducción de 847 en la que se dedica a explicar la multiplicidad de conceptos que surgen de cada término que ha utilizado en el texto, empezando por el propio título que, al omitir la letra L, sugiere a Lucifer, al Logos y otras 97 conexiones más.

El poema de Gilgamesh es la historia de un fracaso del intento de conseguir la eterna juventud. Pero comparte con Aquiles el deseo de dejar un recuerdo perdurable y con Ulises, la búsqueda del conocimiento. Es posible que el héroe babilónico, de regreso a su reino, se convirtiera en un gobernador sabio, justo y honorable, el quinto rey de la Primera Dinastía de Uruk.

Adenda

He utilizado para el comentario del “Poema de Gilgamesh” la traducción de la versión ninivita realizada por Eduardo Gil Bera, que aparece en su libro “No hallarás la vida que buscas” y en el que sugiere que el sumerio podría ser la lengua de la sociedad más desarrollada, tecnificada y civilizada del mundo durante los milenios IV y III a.e.c, que se extendió por todo el orbe conocido y que no hay practicamente lengua en el mundo que no incluya alguno de sus préstamos o se emparente en un grado u otro con ella, bien por comercio, bien por emigración de los primeros habitantes civilizados de Mesopotamia. La compara con la lengua ibérica, que se habló desde los Alpes al norte de África y en toda la península y que dieron lugar al itálico y al aquitano, que se habló desde el Loira hasta el golfo de Vizcaya.

Lecturas

Stanislaw Lem, Vacío perfecto, Bruguera, 1981

Eduardo Gil Bera, No hallarás la vida que buscas, Editorial Dioptrías, 2017

Anuncios